mier-dieta evolution

Ahora que se va acercando el final (aún queda, aún queda…), me gustaría repasar poco a poco algunos de los temas más candentes de mi vida en el exilio. ¿Qué tal si empezamos por la comida?

Parece que fue ayer cuando fui a hacer la primera compra al supermercado, cuando me llevaba yogur y nata en lugar de leche, cuando realizaba mis primeros atentados culinarios…
Creo que desde que estoy aquí, se puede decir que no he comido mal. No obstante, si echo la vista atrás y miro la colección de fotografías de lo que he ido comiendo, es cierto que advierto una evolución bastante notable.

Siempre he llevado mal el tema de los horarios, así que hasta que me hice a este contratiempo, muchas veces acababa cocinando algo en tiempos récord para intentar evitar perder el metro que me tenía que llevar a clase (recordemos que antes vivía mucho mas lejos, y perderlo era catastrófico). Otras veces, simplemente hacia cantidades ingentes de comida que a veces se guardaban en la nevera (odio la comida recalentada) o que acababa engullendo haciendo tremendos esfuerzos sobrehumanos por aquello de no dejar nada en el plato.

Aprendiendo de los errores y experimentando, los platos iban ganando calidad sutilmente y el mudarme de casa creo que fue el detonante de que la mier-dieta pasara a la fase 2… primeramente la cocina de la que dispongo ahora es un paraíso para McGiver si lo comparas con la micro-cocina que tenia empotrada en mi cuarto en la anterior residencia. Tantos utensilios y espacio me abrieron los ojos. Poco a poco, iría refinando la técnica, cocinando la cantidad que debía comer y no más y no haciendo mezclas extrañas en las que luego todo sabe a todo y a nada. Supongo que aquí también influyó, primeramente, el hecho de que ahora ya no vivía solo, y por un poco de vergüenza decidí elaborar un poco más los platos, al menos en el aspecto estético. Por otra parte fui aprendiendo a base de la observación… el chino que vive por aquí (como todos los chinos) se las saben todas con el arroz y ya nunca más se me quedaría pastoso, y los italianos que he conocido han hecho que mis platos de pasta ya no sean vulgares como lo eran antaño. La tortilla de patatas está cada vez más cerca de la perfección… y mis ensaladas con aliños de miel y mostaza son la envidia de propios y ajenos (lo siento, pero es así). Ya son clásicos los tazones de leche con una delicada y estudiada mezcla de cereales, que no faltan nunca. Combinaciones de frutas que elevan algunas cenas a la categoría de extremadamente saludables. Por poner algunos ejemplos… jiji.

No soy un gran cocinero, ni aspiro a serlo… pero creo que he mejorado notablemente. La miel lo cambia todo pero sobre todo los filetes de carne, los pimientos son mi vida, salmón y atún lo único que me como del mar, la leche (¡y ahora sí que es leche!) es más que fundamental, la cebolla es la salsa de la vida, las ciruelas son verdaderos aceleradores de partículas y pan… apenas como pan aquí, inexplicablemente.

El gran logro de la mier-dieta consiste en que el único producto pre-cocinado que he ingerido desde el 28 de Agosto del año pasado han sido pizzas congeladas, y tampoco han sido demasiadas (¿una media de 0,5 pizzas por semana?). No arroces tres delicias ultra-congelados, nada de barritas de pescado empanadas, y demás salsas pre-cocinadas de dudosos componentes. (Aquí mencionar que he pecado en muy contadas ocasiones, cuando por hechos de fuerza mayor como viajes, etc. he caido en la desgracia de probarlas mínimamente). Por último y debido al plan mega-ahorro que acompaña a la mier-dieta, comer fuera de casa sucede en muy contadas ocasiones… de hecho no recuerdo la última. Así pues alimentación y disciplina van, cada vez más, de la mano.

Mi paso por Méjico, y las comilonas que me pegaba en el hotel en el que estuvimos en el viaje final de carrera han hecho que me replanteara y fortificara la mier-dieta, elevándose ahora a la categoría de arte culinario, donde algunas de las piedras angulares y combinaciones estrella pueden verse en las fotografías:

Comparando con los platos tipo: arroz o pasta con todo-lo-que-tengas-en-la-nevera o todo-lo-que-tengas-que-esté-a-punto-de-ponerse-malo que hacía antes, veo una interesante progresión fruto de la experiencia y la necesidad que nunca me habría imaginado.

Supongo que a esto le llaman madurar…

PD: La mier-dieta tiene un punto flaco… muchos de los platos, hacen que ensucie mitad de los cacharros que hay en la cocina, lo que se traduce en un ratillo de lavado de platos, que ahora (al no vivir solo) he de hacer justo al terminar de comer. Es… el precio a pagar.

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